miércoles, 27 de febrero de 2013

FOLKLORE, ESA PALABRA TAN PROSTITUIDA. (por Alejandro Reyes)

Caricatura por Randi Lopez
http://blogsdelagente.com/con-la-pluma-a-otro-lado/

Folclore, folclor, folklore o folklor, es un término creado por el arqueólogo  inglés, William John Thoms,  en 1846.  La palabreja  en cuestión quiere decir : FOLK : Pueblo y LORE: Saber, conocimiento; o sea, en síntesis: “Conocimiento y saber del pueblo”.
El vocablo comenzó a utilizarse para denominar y  clasificar de algún modo todo lo relativo al arte, las costumbres, la artesanía, las tradiciones, la historia,  etc.,  de los pueblos.

 









En América Latina, con la expansión de la radio y el desarrollo de la industria discográfica en la década del ’60 y anteriores,  la música de raíz campesina empezó paulatinamente  a llegar al público  de las grandes ciudades. A su vez, en  países como Argentina, por ejemplo, ya desde 1940 y producto de la creciente industrialización, se producía una importante corriente migratoria de los habitantes del campo a la capital, Buenos Aires,  (llamados despectivamente “cabecitas negras”). Esto hizo que las manifestaciones culturales rurales fueran ganando espacio en la gran urbe, recreadas por aquellos hombres y mujeres que intentaban consolar su desarraigo  en las grandes metrópolis, y lo hacían contando y cantando sus tradiciones y costumbres ancestrales. Con detalles y diferencias, en casi todo el continente se produjeron sucesos  parecidos o relativos al mencionado.


Fue así que estos acontecimientos y circunstancias dieron paso a muchos  fenómenos socio-culturales. Comenzaron a realizarse eventos populares masivos que se dieron en llamar, por lo general,  “FESTIVALES DE FOLCLORE”,  haciendo referencia a que la música que en esos espectáculos se ponía en escena, tenía mucho que ver con el espíritu folclórico regional,  nacional y muchas veces continental.  Esto no quiere decir que solo la música campesina sea de raíz folclórica, no obstante, su contexto en la historia contiene ingredientes más que  suficientes y determinantes para pertenecer al ámbito de lo folclórico.
Hablando de los festivales de folklore que se levantaron por todo el continente  podríamos citar el Festival Nacional de Folklore de Cosquín,  en la Provincia de Córdoba,  Argentina, que está catalogado como uno de los pioneros en ese género y el más importante de América.  “¡Aquí Cosquín!, capital nacional del Folklore”,  tal el slogan que aun hoy abre las nueve jornadas  de este festival que hace muy poco cumplió más de 50 años de creación. 


No obstante,  si bien lo de aquellas décadas puede catalogarse como la manifestación de un “espíritu folclórico”,  pues vale decir que jamás se llegó, ni en ése,  ni en otros festivales similares a consagrar un folclore puro, sino más bien un folclore de proyección, comenzó inmediatamente a desvirtuarse y  alejarse cada vez más de lo folclórico, para terminar en lo que es hoy:  “Cualquier cosa menos folklore o proyección al folklore, o de raíz folclórica o que contenga, como dijimos, al menos, un “espíritu folclórico”.
Sin poner en tela de juicio  la calidad de la música y el arte que se presenta hoy en día en  los diferentes Festivales que se denominaron alguna vez y se siguen denominando “de Folclore”, lo cierto es que al seguirse utilizando el termino en la actualidad,  no solo se está promulgando una contradicción imposible de remediar, sino que se atenta contra el Folclore propiamente dicho y todo lo que este representa  como ciencia y como expresión cultural.  Es decir,  el hecho no es que se haga buena o mala música, eso es harina de otro costal y  no se analiza aquí, simplemente, coincidimos por razones de sentido común que llamar festival de folclore a un evento y luego mimetizarlo con cualquier variedad musical híbrida que nada tiene que ver con las antiquísimas tradiciones  populares,  es lisa y llanamente tergiversar lo que se está intentando presentar. O sea, en una palabra, se le está mintiendo descaradamente a la gente, pues se está utilizando un título y una denominación  para una convocatoria, pero se está realizando otra cosa muy distinta. Esto está bien claro; es de suponer que si alguien abre un almacén de ramos generales no llenará sus anaqueles y estanterías  con artículos de ferretería. Por citar un ejemplo relacionado: Creemos que sería incongruente que una comunidad promoviera un festival de Tango y terminara resultando que en ese festival,  la mayor parte de la grilla de artistas no hacen Tango ni nada que ver con ese género, entonces ya no es un festival de Tango, podrán llamarlo como les plazca, pero de Tango, nada. Si los amantes y promotores del  Tango, en cambio, se sienten ofendidos, buena razón tendrán. Esto último lo ponemos como ejemplo, pero bien sabemos  que nadie se atrevería a hacer tal cosa en nombre del Tango, pues no faltarían “tangueros”  para hacerle bajar el cartel al  supuesto estafador y mandarlo preso. (Dicho sea de paso, el Tango como género también pertenece al acervo folclórico, en este caso de la región del Río de la Plata)


Así mismo no creo tampoco que los promovedores del género del Jazz levantaran ningún escenario con la denominación: “Festival  internacional de Jazz” para terminar contratando una gran mayoría de  números de salsa y música del Caribe, con todo el respeto que se merecen  ambas vertientes musicales, solo valga el ejemplo.
Entonces nos preguntamos ¿porqué se  cometen tantos disparates en nombre del folclore o de lo folclórico sin el  más mínimo respeto y tan fácil y livianamente?


Alguien dirá, y tendrá toda la razón,  que es muy difícil  interpretar y determinar que es y que no es folclore. Ni siquiera los estudiosos y eruditos se ponen de acuerdo sobre el tema. Pensemos nada más que la inmensa mayoría de los estilos, ritmos y géneros  musicales que se tocan en el mundo entero  provienen de una raíz folclórica, pero convengamos también que aunque no se pueda determinar a ciencia cierta que es y que no es folklore y cuando deja de serlo, lo que se presenta hoy en los festivales así denominados muy poco tienen que ver con el folklore, porque no solo  el espectáculo que en esos lugares se lleva a cabo no reúne las condiciones mínimas ni para folclore ni para proyección folclórica, sino que esas expresiones, son por lo general, una mezcla y una fusión tan misturada de musicalidades hibridas y diferentes que nadie sabe a ciencia cierta de dónde salieron ni con qué se fusionaron, y no solo no están  representando ninguna esencia folclórica de región, continente,  o país alguno, sino que no existe para el caso parangón que las caracterice, son  simplemente manifestaciones musicales, buenas  o malas, eso no importa, pero sin género, totalmente heterogéneas. Llamar a estos eventos,  de Folclore o Folclóricos es el más grande de los disparates y la más absurda de las falacias. Y encima rotularlos como Nacionales, es un atropello.



Don Atahualpa Yupanqui, quien  nunca se denominó como Folklorista y que tampoco lo era, sino un “Cantor de artes olvidadas” como el gustaba nombrarse, fue bastante preciso al abrir opinión sobre estos temas.  El decía que en materia folclórica se debe ser muy respetuoso porque se está tocando el tejido cultural de los pueblos, y esto es sagrado. Y alguna vez mencionó como ejemplo que,  sin pretender proyectar un folklore purísimo,  bastaba con encontrar lo auténticamente popular desde lo anónimo  sin soslayar el espíritu de lo antiguo. Y ponía como ejemplo el supuesto de un evento folclórico nacional  presenciado por un ciudadano de un país lejano, pongámosle por caso alguien que viniera de Suecia a evaluar y oír un espectáculo musical de nuestras regiones. Tal  evento debería demostrar en materia musical un indiscutible  espíritu folclórico nacional. El extraño oyente sueco, entonces, aun sin saber ni entender de nuestra cultura tendría que percibirla, la música tendría que tener “el sabor”, “el gusto”, “el carácter”, el timbre y la musicalidad de  nuestras expresiones regionales; pero en cambio,  para  ese mismo espectador  si esa música suena a cualquier balada de moda, allí se encuentra la desvirtuación  de lo folclórico, pues aquello ya no manifiesta el  folclore de un país ni de una región, sino que responde a una expresión sin arraigo producto de un estilo formado por las modas pasajeras del momento. 




Parafraseando un poco a  Yupanqui, creo que todos sabemos la diferencia entre comida chatarra y comida artesanal o casera. La música tiene mucha comparación con la  comida, pues ambas son alimento, uno lo es material y el otro espiritual. Y creemos sin temor a equivocarnos y sin entender nada de artes culinarias,  que muy pocos atrofiados de sus papilas gustativas cambiarían un buen plato de pasta casera o un suculento puchero criollo hecho por las manos amorosas de la abuela por un combo de hamburguesa y papas fritas de la  promocionada industria de la comida chatarra.
Pero viendo las cosas con un poco mas de ironía,  no es de extrañarse que los promotores de la comida chatarra, que por algo tienen sucursales en el mundo entero, les convenga que el antiguo sabor de los guisos de la  abuela vaya cayendo en el olvido, ya que no les viene nada mal que cada vez haya más papilas gustativas atrofiadas, pues si los paladares en vez de atrofiarse  comenzaran a refinarse y sobre todo a descubrir el misterio natural de las comidas de verdad, quedarían realmente muy  pocos que quisieran comprar un Combo de hamburguesa con papas fritas y en cambio se abrirían muchas fondas y cocinas populares donde muchas abuelas nos degustarían con las más ricas, pero por sobre todo las más sanas y sabrosas comidas caseras y artesanales.


En la música y en lo relacionado al folklore pasa lo mismo, hay muchos interesados en atrofiar oídos y espíritus, para que cada vez hayan mas  consumidores de “música chatarra”, música que no representa a nadie, arte globalizado, híbrido, heterogéneo, frívolo, donde todo se parece a lo mismo y nada es nada.  De esta manera,  promoviendo y promulgando esta cultura globalizadora, los mercaderes puedan abrir muchas sucursales por el mundo y vender fácilmente sus baratos y mediocres productos.

Por lo pronto y sin ir más lejos, sería más que interesante comenzar a llamar a las cosas por su nombre, y si el Folklore tiene que morir,  que muera, pero que al menos descanse en paz y que no ande por ahí como ánima en pena, como un pobre fantasma decadente,  descolocado en  carteleras de neón y prostituidas marquesinas con   olor a grasa de hamburguesas,  y enarbolado por cantores buco-dentales con demasiado sabor a música de Hollywood.

© ALEJANDRO REYES.





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