lunes, 27 de agosto de 2012

Osiris Rodríguez Castillo


Poeta, compositor y luthier (inventó una guitarra que lleva su nombre, y un método), Osiris Rodríguez Cas­tillos solía apuntar que había vivido dos años enteros a caballo, y que a lo largo de la vida había desempeñado los oficios más variados: cortó girasol, arreó vacas, contrabandeó, cosechó uvas en el sur ar­gentino, fue aguatero en los quebrachales del Chaco, trabajó como peón, aprendió el oficio de trenzador, tocó jazz en un casino y fue obrero metalúrgico. Pero su vocación más arraigada fue escribir, cantar y tocar la guitarra.
Había nacido «por accidente», como le gustaba decir, en Montevideo, el 21 de julio de 1925, pero siendo niño se mudó a Sarandí del Yi, en Durazno. El primer poema que escribió fue una canción para el río. La naturaleza lo hizo curioso, y la curiosidad parece haber crecido con la lectura y con la música. A los cinco años ya tocaba el piano de oído. A los seis comenzó a estudiarlo. En una entrevista publicada en la revista Guam­bia, en febrero de 1993, contó Osiris que una tarde, mientras volvía del monte junto a su padre y los aparejos, escuchó el sonido de una guitarra saliendo de un rancho: «¡Nunca había escuchado una cosita tan bonita, tan estremecedora! Aquel silencio de tajadas lejanas, de balido de hacienda... el sonido de la guitarra, con esa sensibilidad... como hecha para el paisaje, ¿no?». Y entonces la estudió con Atilio Rapat. A Osiris le intere­saba especialmente la música autóctona.
 
A fines de la década del treinta su fa­milia volvió a Montevideo. A los dieciséis años, cuando era estudiante en el Liceo Francés, y con el título de cabo de escuadra obtenido en el servicio militar, Osiris huyó (con el consentimiento de su padre) hacia la frontera con Río Grande del Sur. Dijo que había conocido, en ese periplo, todos los arroyos y todos los pagos desde Quaraí hasta el Chuy. Entre 1955 y 1963 publicó varios libros (Grillo nochero, 1904, Luna roja, Entierro de Carnaval, Cantos del norte y del sur); y entre 1962 y 1974 editó cinco discos, con canciones y poemas que luego interpretaron numerosos artistas.
A partir de 1973 resultó difícil difundir su obra. Sobrevivió dando clases particu­lares de guitarra en su casa. En 1959 había compuesto «Cielo de los tupamaros», pro­hibida en Uruguay y Argentina y vinculada con el movimiento guerrillero tupamaro, aunque la letra se refería a la revolución de 1811 y al Grito de Asencio. A fines de 1978 realizó dos recitales en Montevideo (llenos, con la única difusión del boca a boca), pero en enero de 1981 se instaló en Madrid, donde vivió once años dedicado a la escritura y a la investigación de su nue­va guitarra. Quería reencontrar el sonido dulce, parecido al del laúd, que para él ésta solía tener.
Osiris murió el 10 de octubre de 1996. Sus cenizas fueron vertidas al río Yi.
Extractado de ALMANAQUES BSE
Concepto general: Inés Bortagaray
Biografías: Inés Bortagara y Selección y notas: RUBÉN OLIVERA
Diseño y producción editorial: Monocromo



Manos brutas - OSIRIS RODRIGUEZ CASTILLO
(O. R. Castillo) - poema -
Disco: Osiris R. Castillo Volumen 3 -
Sello: "De la Planta" (Uruguay) 1969






 DECIMAS A JACINTO LUNA -milonga -
(Osiris R. Castillo)
PEPE GUERRA - LARBANOIS CARRERO - PABLO ESTRAMÍN.




OSIRIS RODRÍGUEZ CASTILLO. – poema –
(Carlos Molina)


Con la noble cabeza derrumbada,
y con el cuerpo rígido, yacente;
te veo como un árbol poderoso
que sigue desafiando la intemperie.

Un matorral de lanzas son tus versos
que tienen de tu alma el mismo temple
pa' hacerle un cerco al gringeraje intruso
y a su histeria de gritos estridentes.

Te llevas un pedazo de la Patria
y mucho de la tierra se nos muere
pero sos coronilla - trasfoguero
de ahí que tu brasa alumbrará por siempre.

Artesano profundo de la vida
delicado y sutil como un orfebre;
el limo pegajoso de la envidia
te amortajó mucho antes que la muerte.

Sí, el olvido es el silencio cómplice
y con los grandes hombres así sucede,
no pueden perdonarle que su nombre
ilumine a los parias de la especie.

El gurisito de las piernas flacas
que un grotesco barril lleva por vientre,
con los ojos "paraos" llenos de asombro
mira el lucero que se va y no vuelve.

El indio viejo, carne de la patria
entrampao’ en el cepo de las leyes;
mascando el pucho de su desventura
rumia una maldición entre los dientes.

Don Osiris Rodríguez gran hermano
hermano del pionaje y de la plebe,
ensillaste pa' dirte noche adentro
acosao’ por desprecios y reveses.

Tal vez algún atajo del suburbio
lleve tu nombre de clarividente;
así cumplen los "dueños" de la patria
¿será ansina nomás, será por siempre?

Pero vos no cantaste por la fama
echaste raíz en l'alma de tu gente,
y te has quedao como el horcón del medio
que ni las pamperadas lo conmueven.

Después irán cayendo los ministros
con sermones inflaos como sus vientres
chúmbales el "malevo" que se juyan
asustaos, campo arriba como liebres.

Los indios de alpargata y de golilla
los de pata cuartiada y puño fuerte,
te llevarán en la ternura recia
y en la memoria que caló por siempre.

*Carlos Molina.

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