jueves, 23 de agosto de 2012

Adios Tucumán

*"Quiero hablar de Adiós Tucumán, ahora. En su origen, esa tonada tiene una tristeza política. Unos amigos míos, eran terratenientes de Raco, primos hermanos entre sí. Y yo, un Juan de afuera. Conocían ellos mi devoción por el paisaje, por el pasto, el caballo, la copla, los hombres, los guardamontes y las bagualas. Pero la política los alejó de mí y de la amistad profunda que nos juntaba. Soy amigo de la gente sin preguntarle cómo piensa, ni para qué lado. Me basta con que sea criolla y suficiente. Bueno, esta gente empezó a no mostrarme la cara. En las cumbres de Raco yo tenía un rancho tortiao, hecho con mis manos. Me fui para ahí. Me largué del ómnibus y había un caballo que me estaba esperando en la parada, junto al boliche del turco Atín. Monté y me fui hasta una tranquera del campo 'La Zanja' para poder subir —desde allí me quedaban cuarenta minutos de viaje para arriba—y la encuentro con llave. Entonces, me acerco a la finca de los señores y digo: —Está con llave. —No sé —me contestó uno de sus peones — ¿La habrá cerrado el niño Tal o cual? Ningún niño, ninguno de los gauchitos amigos míos estaban ahí...Me voy a casa de otro, ya perdiendo tiempo. Era noche cerrada. Y hay que ver lo que es eso, es la montaña, en cerro boscoso. No se ven ni las manos. Tampoco estaban: lo mismo la llave. Para subir tuve que ir por el otro lado, por lo de Lalo Pérez, un carnicero que vivía como a una legua. Había un senderillo. Pedí permiso y me metí por él. En lugar de treinta minutos, eché dos horas y pico en llegar al rancho, tanteando, con el caballo sujetao’, por lugares llenos de abismos, peligrosos barran­cos. Entonces me doy cuenta de que la intención era no facilitarme la llegada a mi pobre rancho de las cumbres de Raco. Era un descuidar la amistad, fastidio, repudio a mi condición de criollo. Ellos se sentían muy argentinos, muy partidarios de Facundo y de Juan Manuel de Rosas. Por ese lado, rumbiaban ellos. A mí no me molestaba. Yo estaba con el pueblo, con el más golpeado, con el que tenía alpargatas y muchos sueños... 

Raco - Tucumán (Argentina) 




Alto de Anfama - Tucumán (Argentina)

Al otro día, entonces, agarré mi caballo colorado y me lo llevé hasta cerca de Alto de Anfama, unos siete kilómetros entre los montes arriba,  le di un guascazo en las ancas y el caballo se perdió galopando en las cumbres. 'Nunca más te voy a ensillar', le dije. Me vine.  Lo Único que tomé fue mi máquina de escribir y unas espuelas. De a pie vine bajando y salté la tranquera. Esperé el ómnibus... y nunca más en mi vida volví a Raco. Queda en mi memoria, como un viejo, torturado y dulcísimo recuerdo. Sombra de una dicha vivida.

De ahí viene una zamba 'Adiós Tucumán', que dice: 'Mi sillonero pashuco/ya nunca lo ensillaré /Lo han de cuidar las estrellas, adiós mi caballo ¡ya no volveré'. El origen no es legendario sino una simple cosa que me tocó de cerca y me dolió mucho. Esa canción la grabé y nunca después la canté en público, por respeto a ese recuerdo y a aquellos amigos que me ladearon la cara. Después, la vida los golpeó y me anduvieron buscando la amistad. La encontraron porque yo no cambio. Me acordaba de aquello que decía Tagore: Si tenías un amigo y lo perdiste, es porque no era tu amigo.

*Diario "La Opinión - 14/10/1973





Adios Tucumán
(Atahualpa Yupanqui) - zamba-

 
Qué mala será mi pena,
Que sólo sabe penar.
  ¡cómo me duele esta pena
De irme tan lejos de mi tucumán!


No me asustan los caminos,
Ni arenas, ni pedregal,
Por muchos que haya en el mundo,
No son los caminos de mi Tucumán.



Mi sillonero pazuco,
Ya nunca lo ensillaré,
Lo han de cuidar las estrellas,
  ¡adiós mi caballo, ya no volveré!


Senditas las de mi tierra,
Caminito de Tafí,
Tal vez una tucumana,
Bailando esta zamba, se acuerde de mí.


(E)
Adiós, mi pago querido,
Mi rancho de Raco,
Mi lindo sauzal,
Cuando te canten en mi zamba,
  ¡quién sabe tu gaucho,
Por dónde andará!




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