miércoles, 25 de julio de 2012

El Gaucho, visto por Francisco Bauzá en 1885.

*Don Francisco Bauza, historiador, legislador, periodista, diplomático
y fogoso orador, es el autor de unos "Estudios Literarios" que fueron
publicados en Montevideo en 1885.
De la edición realizada en 1953 por el Ministerio de Instrucción Pública
y Previsión Social, para la Biblioteca Artigas, con prólogo de Arturo
Sergio Visca, extractamos estos párrafos referidos al gaucho, tal como
lo evocara Bauza en la obra mencionada.
M.F.

 Entre cien individuos agrupados en el campo, se conocerá inmediatamente a un verdadero gaucho por más pobre que él sea: su caballo ensillado con esmero, tuzado y acepillado; su persona limpia, sus prendas de vestir colocadas con gracia sobre el cuerpo; sus cabellos y barbas largos, pero peinados y cuidados, y en fin, aquel aire atrevido y simpático a la vez, que parece decir a todos "yo soy el dueño de la tierra, ustedes no son más que gringos", es lo que le da a conocer.


Otro de tos errores en que muchos viven es el suponer que el gaucho es una especie de bufón que divierte a las gentes a su costo, y estrecha amistades con el primero que se le acerca. También es inexacto esto, porque el gaucho sólo es amigo de sus amigos, es decir, de sus iguales, y a los demás o los respeta o los desprecia: los respeta si son inteligentes o bravos; los desprecia si son simples, cobardes o hablantines. Por lo general, el gaucho es reservado y comedido con las gentes que no conoce: el temor de decir algún disparate que le deje en ridículo, le contiene siempre de hablar ante extraños. Como él mismo lo dice, no da a conocer su juego a dos lirones, lo que equivale a expresar que sólo acostumbra a abrir juicios sobre lo que sabe y ante personas que trata de continuo. Su conversación, por lo común, versa sobre aventuras de guerra, lances amorosos y carreras de caballos. La guitarra y el canto le divierten sobremanera, y es capaz de escuchar sin fastidio durante toda una noche a un guitarrista. Tiene como los charrúas la voz floja y afecta como ellos un aire circunspecto cuando desea entender con propiedad lo que le dicen y le interesa. No le gusta apresurarse cuando está en marcha, y se da el lujo de soportar el rayo del sol al tranco de su caballo.

Para alabar como para vituperar las personas y las cosas, tiene recursos de lenguaje, giros poéticos, expresiones originales, que hieren los sentidos penetrando de un modo especial en la inteligencia. Sin cuidarse de completar sus frases, las enuncia por medio de comparaciones y de referencias que a pesar de su sencillez vulgar, tienen comúnmente un alcance profundo. Así para expresar que un hombre es valiente, dice de él: es como las armas', que un hombre es vivo, es como luz; para hablar de una mujer linda, es como las estrellas; para indicar un caballo rápido, es como águila; para elogiar a un individuo firme que no cede a los embates de la mala fortuna, es como cuadro. Cuando habla de su caballo, le llama mancarrón, a su mujer la china, a sus amigos aparceros, a los muchachos del campo charabones (avestruces). Si le entusiasma alguna aventura heroica que le cuentan, demuestra su admiración por el héroe con esta exclamación: ¡Ah criollo.' Si él narra algún lance en que un jinete bien montado evitó un sablazo o una lanzada, ladeando el caballo, dice que soslayó el pingo. No dice "tome usted" sino velay; al mate le llama el verde, a la botella limeta, a los tragos de caña o de ginebra gorgoritos, a un buen caballo de paseo flete, al telégrafo eléctrico el chismoso, al ferrocarril en señal de admiración, el bárbaro. Pero donde agota todo el repertorio de sus dichos, es en la enumeración de las calidades de un caballo que estima, y así dice: es aseadito para andar, es liberal, es el peón de la casa, es mi crédito, es un trompo en la rienda, es manso de abajo, es seguidor en el camino, es liberal por donde lo busquen, es caballito mantenido, orejea como guanaco en cuanto divisa, es de buena vuelta, para el lazo es como cimbra, es escarceador y aseado, a donde quiera endereza, etc.

En la conversación familiar y cuando desea mostrarse cariñoso, sea con los que están presentes o con algún amigo cuyo recuerdo le asalta, emplea términos de su invención o diminutivos que dan una flexibilidad singular a las palabras. Así, a un hombre entendido en el baile o la guitarra, o muy sobresaliente en el juego, e! canto o las carreras de caballos, le llama laura. A un amigo de valor personal reputado, si es viejo, le llama viejito quiebra y si es joven indio crudo. A un parrandero que poco para en su casa, le denomina hombre gaucho. Si juega de manos con algún aparcero y llega a tocarle el cuerpo, en el acto exclama: ¡óigale el duro, y se duebla Si le choca el modo de proceder de alguno, o las palabras que dice o las armas que trae: miren con qué carta se viene a baraja.' Si pide algo a mujeres: hágame el favor de darme eso, por su vida. Si pregunta su nombre a alguno, y éste responde soy fulano para servir a usted, é! le replica: para servir a Dios. Si entra a una pulpería y le convida un extraño: gracias amigo, a pagar lo que guste. Cuando da las señas de un paraje cercano, no dice más allá sino más allasito; cuando se despide de los que estima no dice adiós, sino adiosito; cuando quiere afirmar que no conoce absolutamente nada de un asunto, dice: no sé cosísima ninguna!

*Fuente: Extraído de Almanaques BSE (Banco de Seguros del estado)

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